Namibian Experience

Desde nuestros inicios hemos buscado la forma de sentirnos libres con aquello que hacemos diariamente, no es algo sencillo puesto que pocas veces en la vida consigues que tu pasión sea parte de tu trabajo pero con mucho esfuerzo nosotros lo hemos conseguido.  Corría el mes de marzo cuando comenzamos a pensar en un destino diferente, de esos que no ves en 50 cuentas de Instagram, de esos que no son “comerciales”, en definitiva buscábamos un destino salvaje e inhóspito y ante nosotros no podía aparecer otro continente que no fuese África.

Durante semanas recopilamos la mayor información posible sobre diferentes países y cuando decidimos que Namibia sería la elegida todos estuvimos de acuerdo. Las conexiones de avión y el clima no eran las mejores pero nada de eso nos iba a detener, teníamos claro que queríamos conocer algo totalmente diferente de lo que vivimos cada día. Llegamos una mañana de Julio, nada más abrir las puertas del avión un viento seco y cálido nos recibió , sabíamos que la oscilación térmica sería una constante en este viaje pero no esperábamos pasar tanto frío por las mañanas…

La vida en África va a una velocidad diferente a la  del resto del mundo, al menos era la sensación que nosotros teníamos. Allí las preocupaciones diarias están más relacionadas con cuestiones básicas de supervivencia ( comer, beber,…) que en prepararse para el futuro, su futuro es el día a día, todo lo que vaya más allá  de eso carece de sentido.

En Namibia todo pincha, todo araña o todo está seco. Es un ambiente totalmente hostil tanto para los autóctonos como para los extranjeros. Tienes que limitar tus riesgos ya que es muy posible que las soluciones a tus problemas se encuentren a muchas horas de distancia o directamente no haya solución. Nuestro propósito era conocer esos paisajes que habíamos visto en cientos de documentales, en conocer a personas que sobrevivían allí , en definitiva queríamos vivir el lugar, no hacernos fotos en él y lo conseguimos.

Durante 16 días sufrimos noches en el Kalahari en las que pensábamos que hubiera sido una buena idea traer un saco de dormir más propio de zonas con nieve, disfrutamos de ver la fauna más salvaje en plena libertad , comiendo y bebiendo mientras veíamos atardecer. Conocimos una gastronomía basada en lo que la naturaleza te aporta y no en lo que te apetece comer ese día, en definitiva volvimos a los orígenes del ser humano, ese animal que sabía enfrentarse a las adversidades y las superaba, ese animal aprendía de la experiencia diaria para luchar contra los contratiempos, ese ser humano que abandonó la sabana para irse a las ciudades pero que sigue manteniendo intacto su espíritu aventurero.

 

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