Undërwood Snow Patrol

“Gran tormenta mucho espanta, pero pronto pasa”. Con esta frase pusimos punto y final a nuestra última aventura la semana pasada cuando todo el litoral mediterráneo vivió intensamente la última borrasca que trajo las primeras nieves. Sabéis que nos encanta salir a disfrutar del mar o la montaña cuando todo el mundo está refugiado en casa ¿por qué? Porque es el momento perfecto para darte cuenta de la fuerza de los elementos y de lo poco que los respetamos.

En esta ocasión decidimos hacer una escapada por encima de los 3.000m en la zona del Pirineo. Hemos estado muchas veces pero es uno de los mejores lugares para poner a prueba nuestras prendas y mochilas ya que te vas a enfrentar a fuertes vientos, lluvia o nieve y frío, mucho frío.

Esta vez no pudimos llevarnos a nuestro querido UndërLandy por una cuestión mecánica ( le estamos cambiando la caja de cambios) así que fuimos un poco más ligeros para recorrer los casi 500km que nos separan de ese paraíso glaciar. Cuando llegas a los pies de esas montañas te sientes verdaderamente pequeño e insignificante, tener allí delante el Aneto, el Maladeta o Monte Perdido te hacen reflexionar sobre muchas cosas trascendentales.Pero como no habíamos venido a meditar sino a disfrutar del monte mientras millones de personas pasaban lo peor de la borrasca en sus oficinas o casas, nos calzamos los crampones, cogimos los piolets y empezamos a subir.

¿Por qué subir montañas? Porque están ahí.

 

La sensación de respirar aire fresco a más de 2.500m de altitud es increíblemente liberadora, sientes como el oxigeno se cuela por todos y cada uno de los recovecos de tus pulmones, el frío hace que la piel que hayas dejado expuesta a su merced se tense y la nieve emite ese crujido tan característico cuando es pisada por primera vez después de una nevada.

A pesar de lo que podáis pensar no somos unos kamikazes, es cierto que salir a la montaña con un parte meteorológico desfavorable no es lo correcto pero en este caso las previsiones por encima de los 2.000m no eran preocupantes y por si acaso montamos un pequeño campamento base donde un miembro del equipo se quedó por si ocurría algún incidente. Seguridad ante todo!

Tras más de 8 horas andando, escalando y pasándolo en grande con varias laderas heladas donde pudimos poner en práctica técnicas de detención en hielo decidimos que ya era hora de volver, de abandonar aquel paraíso terrenal y poner rumbo a casa. Siempre nos vuela el tiempo cuando estamos ahí arriba pero eso nos hace disfrutar de cada minuto al máximo.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *