Storm Journey

El mar, esa gran masa de agua que hipnotiza y aterroriza a partes iguales. Ese lugar donde todos tus problemas parecen relativizarse y donde muchos buscan respuestas a sus preguntas. Nosotros disfrutamos de él siempre que podemos, cuando todos lo abandonan porque el sol no acompaña, nosotros decidimos ir a visitarlo a pesar del mal tiempo, del viento , de la lluvia o del frío.

6:00 am, suena el despertador aunque ya estábamos despiertos, el viento y la lluvia llevan azotando las costas desde hace un par de días y en las noticias no se habla de otra cosa. Lo normal hubiese sido quedarse en casa, arrastrarse de la cama al sofá y disfrutar del desayuno pero hubiese sido desaprovechar una oportunidad perfecta para disfrutar de la furia del mar.

Cogemos nuestros equipos, tampoco nada demasiado técnico; un neopreno, un termo con café y las ganas de seguir sintiéndonos libres. Las calles todavía duermen, las farolas siguen encendidas y nos despiden cuando abandonamos la ciudad. La luces de nuestro coche persiguen las líneas de la carretera como una carrera sin fin.

Hemos llegado, abrimos la puerta y el viento nos dispara granos de arena a los ojos. A medida que nos acercamos al mar podemos escuchar como ruge, como nos dice que descartemos la idea de sumergirnos pero lejos de todo eso comenzamos a vestirnos para la ocasión. La suavidad del neopreno , el salitre adhiriéndose a nuestra espalda todo ello conforma la banda sonora de esta nueva aventura.
Una vez preparados , nos quedamos unos segundos callados mirándolo, es nuestra forma de pedirle permiso o al menos anunciarle que vamos a su encuentro. El primer paso siempre es el más difícil, el agua está fría y el cambio térmico asusta. Otro paso más y nos encontramos con las olas rompiendo en nuestro pecho, otro más y no hacemos pie. La lucha por mantenerse a flote en un caos de espuma y olas ha comenzado.

Con el corazón latiendo a gran velocidad nos sumergimos y es entonces cuando todo cobra sentido, cuando el silencio del agua invade nuestros tímpanos, cuando nos separamos de la superficie y descubrimos que hemos vuelto a un lugar conocido , cuando todo el esfuerzo ha obtenido su recompensa.

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