VIKING: La verdadera historia tras el diseño

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Los Vikingos no llevaban cuernos en sus cascos, ni se pasaban la vida saqueando a otros pueblos  y sus mujeres mandaban más de lo que nos han hecho creer. Los vikingos se han mitificado, se han convertido en leyenda gracias a que fueron diferentes a cualquier otra civilización. Pese a que hay mucho “maquillaje” en torno a ellos nadie duda de que sus historias encierran algo mágico que encandila a millones de personas a lo largo y ancho del planeta.

¿Por qué los escogimos para ser protagonistas en una camiseta de Undërwood? Quizás sea de las pocas anécdotas que no tengan que ver con la cultura y el estilo de vida nórdicos propiamente dichos ya que el flechazo por ellos vino de la mano de Antonio Banderas, sí, tal y como leéis.

Cuando alguien se marcha a vivir a otro país diferente al suyo tiene momentos de verdadera soledad, son en esos donde te preguntas quién te mandaría irte a un lugar que tiene 5 meses de oscuridad 24 horas al día. Durante esos días interminables puedes salir, dormir, hablar con tu familia/amigos/novi@ y sobre todo, ver muchas películas y series. Nosotros ya éramos amantes del cine pero después de aquello dimos un paso más. Hemos calculado que durante nuestra época “nórdica” vimos más de 1.000 películas, había días que hacíamos maratones de 5 y 6 películas e incluso nos organizábamos con otros compañeros para dividirlas en temáticas. Y en una de tantas tardes vimos  “El guerrero nº13” con Antonio Banderas a la cabeza de una horda de  “vikingos” a cual más peculiar.

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No es que la película sea un clásico digno de admiración ni que nos dejase marcados de por vida sino que nos hizo gracia ver como un español ( aunque haga de árabe en la película) se sorprendía de las costumbre de aquellas personas y que a pesar de no estar con los suyos acabó sintiéndose parte de una cultura y unas costumbres como si le viniesen de nacimiento.

A nosotros nos pasó lo mismo, llegamos a unos países que no tenían nada que ver con el nuestro pero nos enamoramos de ellos como si nos hubiesen visto nacer. Eso es lo bonito de viajar, cuando consigues fusionarte con el país que te acoge y te sientes como en casa , aunque en la realidad la tuya esté a miles de kilómetros de distancia.

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